CALI ESTA DE ANIVERSARIO - GRACIAS CALI
| Muchas veces me he preguntado cuál es la caleñidad, que pregonan algunos intelectuales cuando intentan explicar ciertos fenómenos que ocurren en nuestra ciudad. Quiero acercarme a lo que significa esa gran palabra y lo que para mí encierra. Hoy, cuando la ciudad de nuestros amores, de nuestros ancestros y de nuestros hijos y seguramente de nuestros nietos, está de cumpleaños, quiero darme la libertad de escribir de todas esas cosas que acompañan la caleñidad. Cuando pienso en Cali una imagen viene a mi cabeza inmediatamente. Me veo a los 15 años caminando por la Avenida Sexta, a eso de las 5:00 p.m, después de salir del Teatro Bolívar, muy cerca de Ventolini, recibiendo una brisa fantástica que se dirige como un cañón hacia Menga. También pienso en esa imagen ensoñadora del oeste caleño, con un río limpio, que baja desde el zoológico azotando las piedras y reclamando su espacio. Y cuando hablo de río, no puedo dejar a un lado a ese Pance, tan ligado a mi niñez. Aún creo que los caleños no sabemos apreciar que a tan sólo 15 minutos del casco urbano contemos con un afluente frío, natural, bravo, lleno de vida. Pance es una bendición de Dios, no me canso de pregonarlo, y los paseos a ese río hacen parte de mis mejores recuerdos. Para mí Cali también está unido a ese calor, tan especial, tan Pacífico, pero también tan Caribe, como la música que escucharon nuestros ancestros y que oímos nosotros. Cali será por siempre una ciudad alegre, experimental en su rumba, caliente en su danza. A los caleños nos gustan los colores fuertes, los movimientos plásticos, pasarla bien. ¿Por qué ocultarlo? Pienso en mi ciudad y trato de remontarme a 60 ó quizás 70 años atrás cuando camino por el barrio San Fernando y observo esas casas altas, antiguas, de solares amplios y hermosos zaguanes. Veo los palos de mango y cuando recojo uno en la calle, pienso que es una bendición que yo, en una urbe de este tamaño, aún pueda hacer algo que quizá en una megaciudad de Europa o EE.UU. es algo exótico. Me parece increíble que en Cali, si tengo mucho calor, pueda salir hacia ese otro paraíso que es el Kilómetro 18, a sólo 20 minutos de la ciudad, a tomarme un chocolate caliente, con queso,¡y sentir frío! Magia de la naturaleza caleña. También la caleñidad es recorrer ese caótico centro, corazón de la ciudad. Deleitarme con la hermosura de las palmas de la Plaza de Caicedo, admirar la belleza del Palacio Nacional, oler los pasillos del Edificio Zacourt y comtemplar la Iglesia de la Merced . Recorrer los viejos cafés del centro, disfrutar el kumis en Kasimiro, tomarse una foto con las palomas en San Francisco, detenerse en el Puente Ortiz para mirar pasar el río, comer natilla en la Doce, saborear una bolsa de chontaduro con sal y miel. Para mí, todo eso es caleñidad. Artículo escrito por Gerardo Quintero del blog del País de Cali Etiquetas: colombia |





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