Hay una época del año en la que la ciudad de Barranquilla, enclavada a orillas del mar Caribe, en el norte colombiano, se convierte en una fiesta contagiosa e imparable. Ya desde diciembre, al mismo tiempo que las brisas suavizan las altas temperaturas de esta urbe tropical, cada jueves, viernes o sábado las calles se llenan de cumbiamberos, garabatos y monocucos. Es apenas el preámbulo de lo que vendrá después, el gran acontecimiento que miles de barranquilleros esperan con ansias: El Carnaval A Doris López se le quedaron incrustados los recuerdos de tantos carnavales. La Batalla de Flores, la Gran Parada, el Mapalé, las comparsas, las verbenas… Cuenta Doris que llegó a España hace once años. Lo hizo por amor, pero esa es otra historia. Y aquí se vino, con su maleta cargada de lejanías, -como Juanita, la de la popular canción ya infaltable en cualquier carnaval, y se trajo consigo los disfraces que tantas veces se puso para echarse a la calle a bailar. Al abogado Juan Ángel Narváez Arzuza, otro barranquillero afincado desde hace seis años en España, le pasó lo mismo que a Doris. Llegó a este país para estudiar pero poco a poco se fue quedando. Hoy es el presidente de la Asociación de Jóvenes Empresarios en Barcelona. Ya habla catalán pero en su corazón late más fuerte el barranquillero, la jerga popular de esa ciudad ruidosa, húmeda, caliente y entregada a los placeres del baile y el jolgorio. Juan Ángel también metió en su maleta una parte de sus recuerdos de carnaval. Y también se dejó ganar por la nostalgia.
Una colonia pequeña Doris y Juan Ángel comparten las raíces barranquilleras y el honor de haber sido él el creador de la Asociación Cultural Barranquilla en Barcelona. Ella es la actual presidenta del grupo. Todo empezó, cuenta Juan Ángel, como surgen muchas cosas en Barranquilla. En pleno baile, al calor, o en este caso, al frío de unas cuantas cervezas. Fue en marzo de 2003. “Se me ocurrió organizar un baile al que pensaba que asistirían entre 15 y 30 personas, pero resulta que aparecieron casi 90. Enviamos un correo electrónico a El Heraldo, el periódico de Barranquilla, y la noticia se difundió rápidamente. Mucha gente vio la información y eso sirvió de efecto multiplicador”, cuenta Juan. Aquel ya famoso baile sirvió para que Juan y varios de sus amigos se dieran cuenta de que la pequeña colonia barranquillera en Barcelona (actualmente sólo hay unos 300 ciudadanos inscritos en el consulado colombiano) añoraba su carnaval. Médicos, abogados, ingenieros, amas de casa, periodistas, estudiantes. Hombres, mujeres y niños. Nadie escapó a la fiebre que asalta a los barranquilleros cuando empieza el carnaval. Y así, sin más, surgió la asociación. Y nació fuerte. Ya desde el principio tuvieron propuestas para actuar en diferentes sitios y en actos como la celebración de la Independencia colombiana el 20 de julio. En esa ocasión organizaron una cumbiamba, como se llama al grupo que baila Cumbia, con seis parejas. Después vinieron más actuaciones.
Baile en la rua Pero el gran acontecimiento llegó en los carnavales de 2004. Con un grupo ya consolidado, cuyos miembros le robaban tiempo a sus empleos, la Asociación decidió que era el momento de participar en los carnavales de Barcelona. Y aquella experiencia, según cuentan Doris y Juan Ángel, fue “espectacular e inolvidable”. Aunque no más que en 2005: las calles de la capital catalana se vieron repentinamente invadidas de cumbiamberos, monocucos y marimondas. Al son de la tambora 40 parejas desplegaron la gracia y el encanto de la cumbia colombiana, liderados por el Rey Momo, en la tradición hijo del sueño y de la noche, y una reina, papel que en ese momento asumió la periodista Mary Andrade. Este año, sin reina pero con varias princesas, esperan repetir en la Rua de Barcelona. La idea era enviar una representación al carnaval de Barranquilla, pero de momento se quedan en Cataluña. El último fin de semana del mes de febrero volverán a la calle para bailar. Y para recuperar un trocito de eso que se quedó en esas tierras tan lejanas.
Tomado de Ocio Latno |