Los colombianos resucitaron una localidad de Canadá
| Tras llegada de 30 familias de nuestro país, la escuela reabrió y las fábricas volvieron a tener obreros. Quieren que el milagro se repita en Quebec. Desde que 120 colombianos se fueron a vivir a su pueblo y les dieron a probar las obleas, los habitantes de Sainte-Clotilde-de-Beauce piden que las hostias en la iglesia estén aderezadas con arequipe. En la panadería, donde no hay traducción al francés para los buñuelos y las empanadas, la clientela nunca es escasa. Y eso que allí, hace apenas dos años, gente era lo que menos había. Estaban a punto de cerrar la escuela por falta de niños. Las fábricas, que en otra época tenían 800 empleados, trabajaban a media marcha. El pueblo estaba casi muerto. Cuando vieron llegar a la familia de Octavio Gil, los 580 pobladores de este lugar que ni aparece en el mapa, la mayoría ancianos jubilados, supieron que los días de tedio estaban contados. "La gente se quedaba aterrada por los gritos de los muchachitos en la calle. Los viejitos se asomaban por la ventana a ver qué ocurría", relata el cónsul colombiano en Quebec, Hatem Dasuky. Esa primera algarabía fue el anuncio de lo que estaba por venir. Primero, cuatro familias se instalaron en el pueblo a cuentagotas. Y luego, como avalancha, aparecieron decenas y decenas de connacionales, que en un año ya sumaban 140. En un parpadeo, la población de Sainte-Clotilde había crecido un 10 por ciento. Y los colombianos siguen llegando. "Tenemos a los canadienses comiendo pan, bailando salsa y diciendo buenos días", cuenta emocionada Eva López, una pereirana que vive hace 14 años en la región y artífice del repoblamiento. Ella, que se casó a distancia con un empresario canadiense a quien sólo había visto una vez, convenció a las autoridades de que los colombianos son la salvación para pueblos moribundos como este. Aunque Víctor Manuel Jaramillo, que vive en una casa enorme con su esposa Marcela Salazar y sus dos hijas, asegura que más bien fue Sainte-Clotilde la que los salvó. Habían llegado refugiados tras recibir amenazas de muerte. Víctor tuvo que dejar su vida de ingeniero en Medellín para pasar a lavar pisos y pegar ladrillos en ciudades de Estados Unidos y Canadá. El calvario terminó cuando recurrieron a Eva López, la extranjera más influyente en la vasta región de Chaudière- Appalaches. Su eslogan es tan popular como ella: "Estamos colonizando un país". Desde su oficina de apoyo al inmigrante, varias veces al año Eva coordina la llegada de buses atestados con extranjeros que ella misma va a buscar a las grandes ciudades de Canadá. "Los encuentro metidos en guetos, sin empleo, como ciudadanos de segunda. Ellos pueden dar mucho más". Así lo entienden Víctor y su esposa, ahora operarios de René Composite, una ensambladora de cabinas para camiones que está recobrando su vigor. Ahora les queda tiempo para pasear seguido por el campo con sus hijas. Cada vez que regresan un letrero les dice ‘bienvenidos’ en claro español. Así han cambiado las cosas aquí, y así ha cambiado para ellos la vida de extranjeros sin refugio. "Ni pensamos en volver", asegura Víctor. El declive demográfico por migraciones a centros urbanos, el envejecimiento de la población que se queda en los pequeños poblados y la reducción del número de hijos por familia tienen en riesgo la supervivencia de las poblaciones rurales de Canadá. El único intento exitoso de ‘recolonizar’ una región rural en la provincia de Quebec es el liderado por Eva López y su Oficina de Integración Comunitaria de los Inmigrantes, en Sainte-Clotilde-de-Beauce. El gobierno adelanta un plan para extenderlo a toda la provincia. Hasta ahora han llegado unos 300 extranjeros de 20 nacionalidades.Los sacaron del estancamiento. "Con su ayuda, esta pequeña comunidad ha podido superar muchos de sus obstáculos". Jacques Lussier, alcalde de Sainte-Clotilde Fuente: El Tiempo Colombia |





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