Lisandro Mesa, colombiano de 47 años, anda estos días como loco para arreglar los papeles de su primer hijo, Camilo, nacido hace algo más de un mes. La burocracia, ya se sabe, es implacable, aunque por lo menos no le falta tiempo. Acaba de empezar sus vacaciones y hasta dentro de cuatro semanas no tendrá que reincorporarse a su trabajo como «técnico reacondicionador de vehículos» -limpieza de coches- en un centro comercial de Alcalá de Henares. Una labor que nada tiene que ver con la de empleado municipal del Ayuntamiento de Montenegro (Colombia), su ocupación durante 16 largos años. Ganaba unos 170 euros al mes, por encima de la media del país, pero todo acabó tras un roce con la autoridad. «Tuve un problema con el alcalde y lo dejé. Me fui a otra ciudad, Armenia, a pedir trabajo como vigilante de seguridad. Aunque ya tenía 42 años mentí y dije que cumplía 40... ¡y aun así me consideraron demasiado viejo para darme la plaza!», recuerda aún indignado. Lisandro no encajó bien su prematura «jubilación» y decidió tomar cartas en el asunto. En septiembre de 2001 hipotecó su casa, y con los 3.300 euros que le dio el banco se compró un pasaje para realizar un tour de siete días por distintas ciudades de España. No eligió el destino al azar: tras una mala experiencia años atrás en Panamá -«un país más pobre que Colombia», afirma- buscó algunos libros sobre nuestro país, y el idioma común hizo el resto. Tras una semana de buenos hoteles y excursiones turísticas, el viaje de placer terminó en Madrid, y allí se quedó dispuesto a buscarse la vida. Lisandro todavía tiene muy frescas en su memoria las visicitudes de los primeros días, el peregrinar por los locutorios buscando trabajo y habitación en un piso, la cara del supuesto «amigo» que le cobró 30.000 pesetas por un permiso de trabajo falso y la de ese jefe que, al descubrir que sus papeles tenían el mismo valor que una moneda de tres euros, «se portó muy bien conmigo y en menos de cuatro meses hizo todas las gestiones para arreglarme la residencia legal». Todo lo dio por bien empleado cuando por fin consiguió un trabajo estable que le permitió sacar a su mujer de Colombia y levantar la hipoteca de su casa, «donde volveré cuando ya no pueda trabajar más». La pareja se estableció en Torrejón de Ardoz, pero la madre de Lisandro sigue en la casa familiar de Montenegro... y desde luego no está sola. «Recoge a hijos de otros y cuida a familiares que no trabajan. Eso en Colombia es muy frecuente, pero es que su casa parece un restaurante», describe Lisandro para explicar el destino de los 400 euros que envía cada mes a Colombia, una cantidad que supone casi un tercio de su sueldo mensual. «Con ese dinero viven mi madre y 20 personas más, dependen completamente de él porque aseguran que no encuentran trabajo». Y es que esa cifra, traducida a pesos colombianos, puede animar a muchos parientes a prolongar indefinidamente su situación de paro. «Son aproximadamente 1,2 millones de pesos, y por ejemplo una casa puede costar 15 millones. Calculo que desde que estoy en España he enviado casi 60 millones de pesos. ¿Cómo voy a ahorrar aquí?», se lamenta Lisandro, que está pensando seriamenteen reducir el flujo de capital hacia Colombia «porque ahora, con el bebé, tengo muchos gastos». Fuente: La Razón |
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